jueves, 19 de febrero de 2026

Cesar Giron fue llevado en hombros desde la Plaza de Acho hasta el Hotel Bolívar

 

 

 El 1° de noviembre de 1954 en la cuarta de abono de aquel año. Cesar Giron fue llevado en hombros desde la Plaza de Acho hasta el Hotel Bolívar ubicado en la Plaza San Martín. César Girón es el único diestro, que en la historia de la Feria, ha cortado una pata, trofeo ahora prohibido.

En la feria el 3 de noviembre de 1946 "En el sexto toro la presidencia concedió al diestro Luís Procuna las dos orejas y el rabo en mérito a la faena realizada, Como la autoridad tiene conocimiento que dicho diestro también recibió la pata, cumple con DESAUTORIZAR dicha entrega; toda vez que no fue concedida. Rimac, 3 de noviembre de 1946".

Fuente; http://www.opinionytoros.com/opinionytoros.php?Colab=23&Id=3721

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Article from: Memoria de Arena


César Girón

El debut de César en la Real Maestranza de Sevilla preocupaba mucho a Fernando Gago, su apoderado. Entendía en toda su dimensión el significado de esa tarde en la vida de un torero. El 27 de abril estaba marcado como la fecha del cartel de la temporada, con toros de Juan Cobaleda y de Salvador Guardiola. Era la tarde de la reaparición de Manolo Vázquez, un sevillano adoptado por Madrid que le envolvió en el perfume de sus éxitos en Las Ventas, y más tarde reconocido por la dura afición de las ferias del Norte de España, en México, Lima, Maracay, en toda América. El tercer hombre del cartel era Pedro Martínez, “Pedrés”. La novedad ante la que se santiguaba la afición de España, rendida por el valor del torero de Albacete. Lo
llamaban “torero de las cercanías”, por lo cerca que se pasaba los pitones de los toros. Era la tauromaquia hecha realidad a dos centímetros de los pitones, del valor seco y desgarrado el de Pedrés, los que lacran las agrestes tierras albaceteñas.

Todas estas circunstancias que rodeaban a los rivales de César, las consideraba Fernando Gago. El apoderado no lograba sentarse en la habitación del Hotel Colón, caminaba, iba de un lado a otro, encendía un cigarrillo detrás de otro, se asomaba a la ventana, preguntaba por el aire, si hacía viento, si estaba el cielo despejado…Hasta que César Girón enojado le dijo: – ¡Cálmese usted don Fernando, que me tiene nervioso! …

Nervioso me tienes tú con tanta tranquilidad, ¿Cómo que no te has enterado lo que tenemos por
delante? – ¡Él que todavía no se entera quién es César Girón es usted, don Fernando! Manolo Vázquez y Pedro Martínez se fueron “de vacío”, como se reseña en el periodismo taurino moderno, cuando no se cortan las orejas. César Girón le cortó las dos orejas y un rabo a un toro. Al día siguiente el caraqueño repitió la hazaña, y cortando dos rabos en una misma Feria de Abril de Sevilla se convirtió en el único torero en lograrlo en la historia. Único fue César en cortar una pata en Acho, como de figurón del toreo fue su apoteosis en la Monumental Plaza México la tarde de la Corrida de la Prensa que cortó cuatro orejas y un rabo. Su paso por la Santamaría de Bogotá, cuatro orejas, dos rabos y una pata, o por Córdoba, cuando se apoderó gracias a la apoteosis en el ganador del Trofeo Manolete al cortar la única pata en la historia de la cuna de los Califas del Toreo, suman estos hechos valores para considerar a César Girón como la gran figura del toreo americano en la Historia de la Fiesta.

A principios de 1955, Caracas vivía con intensa pasión la fiebre del beisbol. En el Universitario de Caracas se disputaba la Serie del Caribe, un evento de gran trascendencia para la afición a la pelota como la que tiene Venezuela. En el año de 1954, se vivió un fin de año con epílogo taurino muy venezolano con el agarrón de los tres ases nacionales anunciados en la Maestranza de Maracay: Luis Sánchez Olivares, “El Diamante Negro”, Joselito Torres y César Girón, con una corrida de Guayabita. Aquella tarde se vivió en La Maestranza de Maracay una auténtica fiesta nacional. En la plaza no cabía un alfiler. Tarde espléndida, de sol e intenso calor...Y al final, la puerta grande abierta de par en par, para que el “El Diamante Negro” y César Girón salieran, a hombros de eufóricos aficionados, por las calles de la Ciudad Jardín, mientras los médicos operaban en la enfermería de la plaza a Joselito Torres con el muslo abierto por una cornada que encontró en el camino para no dejarse ganar la pelea. Girón cortó aquella tarde dos orejas y un rabo. Confirmaba que no tenía rival. Viendo los acontecimientos reflejados en el retrovisor de la historia, sentimos añoranza del sentido de nacionalidad que por aquellos días tenían los venezolanos. La euforia gironista que vivíamos los venezolanos provocó la celebración de dos corridas para Girón en el Nuevo Circo con el valiente albaceteño Chicuelo II y el catalán Carlos Corpas.



El de César Girón era el nombre obligado en todos los carteles que se organizaban en Venezuela y en el ambiente estaba su reaparición en Maracay al lado de Antonio Ordóñez, con toros de Rancho Seco, luego de “la tarde de la pata”. La corrida estaba anunciada para el 26 de febrero; y, mientras llegaba la fecha, Girón hacía vida social en Caracas, porque en los ágapes importantes era un lujo tener como invitado al venezolano conquistador de España. Aquel año de 1954 conocí a César Girón. Contaba yo apenas con 14 años de edad, él había cumplido los 22 y era reconocida figura del toreo en España. Llevaba sobre el ojo izquierdo un esparadrapo, que le cubría la herida causada por un toro de Guayabita en Maracay, la tarde que toreó con Carlos Corpas y El Diamante Negro, una de las tardes que salió a hombros, junto a Luis, luego de cortar otro rabo.

Para que nuestros lectores se den cuenta de lo que vivíamos los venezolanos en relación a la identificación que sentíamos hacia nuestros valores, vale la anécdota aquella de cuando José Antonio Borges Villegas, empresario del Parque de Atracciones Coney Island de Los Palos Grandes de Caracas, reunió a cinco personajes, ídolos del deporte, la canción, la música, la belleza y los toros, aquellos venezolanos que por su talento y éxitos se consideraron entre los mejores del mundo, cada uno en su oficio. A finales de aquel año de 1955 el empresario Borges Villegas, quien en 1966 fundó en Barcelona, Catalunya, el mundialmente famoso Parque de Atracciones de Montjuic, organizó un homenaje a cinco venezolanos que destacaron en el mundo: reunió a Susana Duijm, Miss Venezuela, la primera latinoamericana en ganar el concurso internacional “Miss Mundo” en 1955 y semifinalista en el Miss Universo 1955 en Long Beach, California, Estados Unidos; Alfredo Sadel que con sus giras, presentaciones en Nueva York y el Caribe, y la grabación Mi Canción, primer disco de doce pulgadas de larga duración en la discografía latinoamericana con el sello RCA Víctor, era ídolo nacional. A pesar de su manifiesta oposición al régimen militar fue condecorado por Marcos Pérez Jiménez, y compartió su carrera como cantante con la actividad sindical, promoviendo en 1947 la fundación de la Asociación Venezolana de Artistas de la Escena. Con ellos “El Chico” Carrasquel, Alfonso, primer latinoamericano en participar en un All Stars Game de la MLB, y el Maestro Aldemaro Romero que en el 1955 grabó el larga duración Dinner in Caracas, realizado con músicos estadounidenses en formato monoaural, en momentos en que la estereofonía y la grabación multipista aún no hacían su aparición formal. Con este álbum superó los registros de venta hasta entonces conocidos en el mercado discográfico de América del Sur. Aldemaro concluye esta serie en 1956, con Dinner

In Colombia, grabado en los estudios de RCA Víctor Mexicana.

Al concluir el homenaje en el Coney Island de Los Palos Grandes, Girón invitó a sus destacados compañeros aquella noche al restaurante Montmatre de Baruta. De moda el sitio, estrechas las calles baruteñas, no había sitio dónde aparcar el coche por lo que Girón, que conducía un amplio Buick Roadmaster, estacionó en sitio prohibido. No habían desalojado el carro Susana, Aldemaro, Sadel y Carrasquel cuando se les acercó un policía de tránsito, reclamándole a Girón que debía estacionar en otra parte. César, con esa guasa caraqueña que siempre la caracterizó le dijo al policía: “Mira vale, ¿sabes con quien estás hablando? Este señor, Alfonso Carrasquel, es el mejor shortstop del mundo. La señorita Susana, ‘La mujer más bella del Mundo’. Aldemaro Romero, el mejor director de orquesta, del mundo. Y Sadel, hermano, el mejor cantante del mundo. ¿Qué te parece?”. Y dio la espalda y se marchó detrás de sus famosos compañeros. Al terminar la velada la gran sorpresa: una boleta con la multa por estar mal estacionado, firmada por Rodolfo Guerra, “el mejor policía de tránsito del mundo”. César Girón un año antes había triunfado en la Feria de Sevilla cortando dos rabos en menos de 48 horas. Hazaña aún no igualada por otro espada en la historia. En la Feria de San Isidro del año 1955, ya convertido en figura indiscutible del toreo intervino en cuatro tardes en el Abono de Madrid, confirmando su alternativa apadrinado por Antonio Bienvenida y de testigo, Pedro Martínez “Pedrés”. Salió victorioso por la puerta grande en las dos últimas corridas, al cortar dos orejas en cada una de ellas. En la temporada siguiente, toreó nuevamente cuatro corridas, logrando cortar solamente una oreja, pero vuelve a salir por la puerta grande el 25 de mayo del San Isidro 1958. Saldría hasta siete veces por la Puerta Grande de Madrid.

Era ya figura del toreo, y no había ido a Madrid como matador de toros, aunque La Maestranza de Sevilla le había consagrado. La alternativa la tomó en Barcelona a los 19 años de edad, en septiembre de 1952, de manos de Carlos Arruza con toros de Urquijo. Arruza fue un espejo en su vida. César admiró tanto al mexicano que le imitaba en todo. Es conocido que cuando Arruza y Manolete actuaron en Maracay, César vendía guarapo de piña en la plaza de toros. Guarapo hecho por su padre, don Carlos Girón, y que el muchacho vendía para poder ver la corrida de toros. A César le importaba un pepino Manolete, el que le llamaba la atención era Arruza, que se vestía en el Hotel Jardín. Girón después de una de las corridas que presentó Andrés Gago en Maracay, se metió escondido por las habitaciones del hotel e intentó robarle el traje al “Ciclón”. Metió un palo con un gancho por una ventana y fue descubierto en pleno hurto; y a pesar del regaño que le dieron, le obsequiaron una prenda de vestir, una camisa, propiedad del maestro.

Más tarde en Barcelona Carlos Arruza sería el padrino de la alternativa del caraqueño, cuando
reapareció en la Ciudad Condal en la temporada barcelonesa de la Feria de la Merced que don Pedro Balañá organizó en honor al mexicano. Arruza fue el primer torero en la historia en cobrar cien mil pesetas. Lo hizo por cada una de las dos corridas que toreó en la plaza de don Pedro Balañá, una de ellas la alternativa de César Girón. El traje que vistió esa tarde fue un regalo de Arruza.

César ha sido la gran figura del toreo americano. Pocos como él saltaron tantos rubicones, sortearon tantas adversidades y se impusieron a tantos problemas. Problemas de raza en una España y en una América (Lima, Colombia, México y Venezuela incluida) que no creían en que los venezolanos podían ser toreros.

César nunca perdió su manera de hablar. Caraqueñísimo en sus expresiones y modales, nació en la Roca Tarpeya, barriada de la parroquia Santa Rosalía de Caracas, el 13 de junio de 1933. A principio del año treinta, la Roca Tarpeya era una colina rocosa a las afueras de Caracas, que desde lo alto observaba gran parte de la pequeña ciudad. Se admiraba el desarrollo de El Paraíso, la Avenida Páez, se podía ver Caño Amarillo, con sus puentes y construcciones adornadas con los herrajes de las fundaciones belgas. El Paraíso y Caño Amarillo eran los desarrollos urbanísticos más atrevidos de la ciudad. También se veía San Juan, barrio bravo, orillero y pendenciero, cuna de boxeadores y del gran torero caraqueño Julio Mendoza, rival de “Rubito” y bandera de los aficionados del tendido de sol. Caracas fue por muy breve tiempo el hogar de la familia Girón-Díaz, y cuando César había cumplido los ocho meses de nacido, sus padres, don Carlos y la señora Esperanza le trasladaron a Valencia, junto a los hermanos mayores de Yolanda y Carlos. Más tarde, al poco tiempo, volverían a mudarse a Maracay, el verdadero terruño. Allí se hizo hombre y torero. Antes quiso ser pelotero, ciclista y boxeador.

En el ring lo llamaban “La Vieja”, por su cara de abuelo precoz, pero los contundentes puños de Juan Canelón le quitaron la vocación de pugilista; y como pelotero, la verdad es que en aquel Maracay del final del decenio del cuarenta era muy difícil que se dieran cuenta si había, 139 o no, un buen prospecto. Todavía no era hora para David Concepción, los Tigres de Aragua y Miguel Cabrera.

En casa, en el rancho de sus padres, ayudaba a don Carlos en trabajos mecánicos. Simples y sencillas labores, como la de limpiar de grasa los instrumentos, o vaciar los tobos llenos de kerosene y aceite quemado. Una madrugada, un incendio acabó con el rancho y las escasas pertenencias de los Girón. El fuego fue causado por auto combustión de grasas y aceites dispersos por doquier en el improvisado taller paterno. César, sin pensarlo dos veces, se jugó la vida en serio para sacar a sus hermanitos de entre las llamas. De aquel acto heroico le quedarían marcas para el resto de sus días. Cicatrices en las manos, en aquellas manos de largos dedos y avellanadas uñas, por lo que le llamarían “Manoquemá”. La primera actuación de Girón en un ruedo fue cuando se lanzó espontáneamente en la plaza de Maracay, a un muchachito mexicano llamado “Licho” Muñoz, que actuaba en la Cuadrilla Juvenil de Toreros Mexicanos, que visitaba Maracay. César me diría un día en una entrevista que ver a Muñoz tan chiquitico y flaquito le había animado. –Si ese carricito puede hacerle esas cosas al toro ¿porqué yo no? Más tarde, Licho se convirtió en un destacado hombre de empresa taurina, como funcionario de la gigantesca Demsa (Diversiones y Espectáculos de México) que ha llegado a manejar más de cuarenta plazas de toros.


Fue Maracay donde hizo su debut formal como novillero con el español Paco Roldán y con Moreno Sánchez, el 29 de enero de 1951. La campaña de novillero de César, en Venezuela, fue muy breve, pues como siempre han sido muy pocas las oportunidades que le brindan las empresas a aquellos que quieren comenzar. Se limitó su área de actuación a las plazas de Arenas de Valencia, Maracay y Nuevo Circo de Caracas, ya al final y para consagrarse. César tuvo por maestro al “Torero de Aragua” Pedro Pineda. Pineda había toreado en Colombia y Perú, y eso lo hacía el más experimentado y versado de los toreros venezolanos que conocía la gente de Maracay. La carrera de Pedro fue breve y la realizó por plazas de los llanos y de los andes y, más tarde se dedicó a enseñar a los muchachos. De allí lo bien ganado de “maestro”. Tenía una cartilla, y al parecer esta le dio sus frutos. Fueron muchos los muchachos que salieron de su escuela en Maracay, y el alumno favorito de Pedro Pineda no era César Girón, era Ramón Moreno Sánchez. Un catirito de tez clara y modales muy finos para el que Pineda guardaba siempre los mejores becerros, los novillos mejor hechos, los consejos oportunos. Para él toda su atención.

Un domingo, Pineda organizó una becerrada. César Girón y Moreno Sánchez, al igual que los otros aspirantes salieron por las calles de Maracay a pegar propaganda y a repartir preventivos, que era la condición para poder torear. Al final de la jornada, César reclamó su paga, la que, según oferta hecha por Pineda, era de dos bolívares. El maestro, en vez de darle la moneda a Girón, le dio un par de alpargatas, que tenían un valor superior a los dos bolívares. –Para que no andes descalzo.

César, muy molesto, le reclamó: –Mire, Pineda, no sea bolsa y deme mis dos bolívares.

Le dieron la peseta de a dos bolívares y le quitaron las alpargatas.

Gracias a la marcada preferencia que manifestaba Pedro Pineda por Moreno Sánchez nació una gran rivalidad que se prolongó hasta el primero de enero de 1950, cuando se presentaron mano a mano Girón y Moreno en Caracas. Un novillo hirió a Moreno Sánchez y César Girón se alzó con un triunfo descomunal al matar los seis astados de seis estocadas y dos pinchazos. La euforia fue impresionante. Revisteros y aficionados juraban que habían descubierto una gran figura. Tuvo César la suerte de que se organizaba en Caracas una temporada con matadores de toros, estaban taurinos destacados y actuaba como banderillero el malagueño Fernando Gago, hermano de Andrés, descubridor y “hacedor” del Ciclón mexicano Carlos Arruza. Fernando Gago había oído hablar de Girón por voz del gran aficionado y honesto empresario Juan Vicente Ladera y por el banderillero andaluz Manuel Vilchez “Parrita” que vivía en Caracas desde que abandonó España a raíz del estallido de la Guerra Civil.

Fernando Gago vio no sólo la hazaña del principiante, sino que cató su valor, decisión y clara disposición de ser torero al quedarse sólo con la corrida, en la plaza más importante de su tierra. De inmediato se puso en contacto con César Perdomo Girón, primo hermano y representante de la familia. El que, al fin y al cabo, decidía. Perdomo le entregó a Fernando Gago la mitad del dinero para el pasaje y los cinco bolívares para las estampillas del pasaporte. Girón no tenía ni un bolívar.

César Perdomo daba sus primeros pasos en la política, cobijado bajo la tolda Social Cristiana o partido Copei con “El Negro” José Antonio Pérez Díaz, Edecio La Riva Araujo y el doctor Rafael Caldera, que, además de ser entusiasta taurino, se convertiría en gironista hueso colorado y un decidido impulsor de la fiesta de los toros en Venezuela cuando llegara a la Presidencia de la República en 1968.

Girón llegó a Madrid el 4 de abril de 1951 con sesenta dólares, una maleta de cartón, atada con un mecate, una máquina de escribir, una espada, un pantalón y una camisa. La maleta iba llena de ilusiones, esperanzas y mucha ambición. Se hospedó en la Pensión Filo, ubicada en un edifico muy cerca de la plaza de Santa Ana, en el segundo piso del Villa Rosa, la famosa sala de fiestas cuyas paredes exteriores están adornadas con azulejos de bucólicos motivos.

Era el Villa Rosa la sala de fiestas donde los toreros festejaban con grandeza, tronío y mucha marcha los triunfos de Madrid. Aquellos éxitos y apoteosis que prometían las llaves del mundo. Era un Madrid de edificios ocres y de calles estrechas, callejuelas azotadas por los vientos primaverales que llegaban trenzados con frías brisas del Guadarrama, haciendo de la soledad algo extraño e inmenso.

Desde la pensión se llegaba andando por Alcalá a la plaza de toros de Las Ventas. Mole ocre e inmensa, de ladrillos que se doraban con la puesta de sol al atardecer. La plaza más importante del mundo que esperaba para convertir a César Girón en un héroe de la Fiesta de los Toros, ya que el caraqueño abriría en siete oportunidades su Puerta Grande.

Allá en el ruedo de la Monumental de Las Ventas, jugaban al toro unos muchachos que querían ser toreros. Uno era el cuñado del conserje, Paco Parejo y con cara de gamberro, delgaducho y débil, Antonio Chenel “Antoñete”. Con Antonio César Girón hizo de toro, hizo de torero, y conectó una entrañable amistad.

El venezolano, desde el primer día, fue bautizado como “El chico del jersey”. Era un jersey, un suéter, su única prenda de vestir contra el intenso frío invernal madrileño. La pensión Filo estaba a escasos pasos del Hotel Victoria, que había sido el cuartel general de Manuel Rodríguez “Manolete” y de don José Flores “Camará”, cuando el califa cordobés en sus días de grandeza toreaba en Madrid.

A los pocos días de estar en España, Fernando Gago llevó a César a Sevilla. Se celebraba la Feria de Abril y don Fernando quería que César viviera el taurinismo sevillano. En La Maestranza le encerró un toro que había sido rechazado por defectuoso en alguna corrida, y ante algunos periodistas y aficionados hizo César Girón su entrada en España. La impresión fue intrascendente. Apenas concluida la temporada en Sevilla Gago siguió su camino como torero subalterno en las cuadrillas de las figuras del toreo como buen torero subalterno. Girón volvió a Madrid sin que sepamos otra cosa de él, más que su actuación en la placita de Miranda de Ebro (Burgos) el 13 de mayo de 1951.

Se convertiría César Girón en una cuña metida en el retablo del toreo español. Cuña de olorosa y exótica madera del Caribe, de perfume envolvente que impregnó el vacío que habían dejado Rodolfo Gaona, Fermín Espinosa “Armillita Chico” y Carlos Arruza. Todo se coció con el hilo del toreo al que se refiere el maestro Pepe Alameda, que con el zurcido de ese hilo los toreros americanos han izado una bandera que surge igual en una playa en la que rebotan las espumas del Mar Caribe, o en las cimas de los picos y volcanes andinos y en las inmensas mesetas y profundos valles del México Azteca. Girón nació de Arruza y ocuparía su vacío, cuando Carlos le diera, más adelante en el tiempo, el abrazo doctoral en Barcelona.

Girón vio a Arruza y este le encantó al extremo que como torero, a pesar de haberle visto junto a Manolete en el ruedo de Maracay, fue Carlos Arruza quien le serviría de ejemplo en su vida como torero y persona.

Salamanca fue la tercera estación en su “viacrucis” inicial: Pensión Barragué. Veinticinco pesetas diarias con derecho a dos platos de lentejas: uno a medio día y otro para la cena. Los domingos, por ser domingo, garbanzos con las lentejas. Antes de coger carretera a Salamanca pasó unos días en Madrid, en una pensión de la calle General Pardiñas, número 22, a cincuenta pesetas diarias con derecho a comida.

Le echaron de la pensión porque comía mucho pan. La dueña del hospedaje le decía: ‘‘Hombre, coma
usted carne en vez de comer tanto pan”. Pero Girón se hartaba de ese pan tan grueso, rico, crujiente y sabroso que es el pan español. Era 1951 un año de mucha escasez de 143 trigo. No había pan y no lo hubo hasta que el general Juan Domingo Perón, Presidente de la República Argentina, llenó barcos de trigo americano para quitarle el hambre de pan a España. Hambre provocada por el boicot de los norteamericanos y de los países europeos a raíz de la II Guerra Mundial. Un hambre parecida, tan cruel e injusta, que pagaría el pueblo español como la que más adelante por un boicot de los mismos protagonistas iba a sufrir el pueblo de Cuba. España le daría la mano a la Perla de las Antillas, a La Habana, que había sido durante la colonia la lentejuela más brillante en el capote del Caribe. El arma del boicot continúa sus estragos.

Ni un tentadero. En Salamanca mucho frío y mucha hambre. Termina la temporada con siete mil pesetas en la bolsa, ahorradas de las 19 novilladas que toreó. Invirtió cuatro mil quinientas pesetas en un vestido de torear y las restantes dos mil quinientas, en pasar el crudo invierno salmantino.

Su vestuario consistía en una camisa gris a rayas, que lavaba todas las noches y ponía sobre el radiador, cuando había calefacción, para que se secara. Llegó a ser tan difícil su situación, que casi lo echan del país por indocumentado, porque Girón no tenía las siete pesetas que necesitaba para los timbres fiscales e impuestos que legalizaban su situación de extranjero. Afortunadamente surgió al quite Marcelo Romero, un banderillero que luego formaría parte de la cuadrilla de Efraín Girón, y le regaló ¡siete pesetas! que César Girón necesitaba para poner en regla sus documentos.

Fernando Gago, que vivía de lo que toreaba como banderillero, estaba en América haciendo campaña en las corridas que su hermano Andrés organizaba en el Nuevo Mundo. Mientras, allá en el Viejo Continente, su poderdante dormía con los botas puestos porque no aguantaba el frío de Salamanca.

Los ganaderos españoles son muy celosos en sus tentaderos y por ello se cuidan mucho de quien va a torear al campo. No se torea si no es invitado. En aquellos días del franquismo, los terratenientes eran muy poderosos y ponían delante de los intrusos a la Guardia Civil por “quítame esta paja”. Un día, César tropezó en una de las calles convergentes a la Plaza Mayor de Salamanca con don Antonio Pérez Tabernero, célebre ganadero charro. Con el desenfado que siempre le caracterizó, se le acercó y le dijo: –Don Antonio, por favor, ¿por qué no me echa usted una vaquita en el campo? El ganadero, persona siempre amable, le contestó con mucho cariño: –No te preocupes muchacho, que tengo una vaquilla apartada para ti.

En 1954, cuando César triunfó apoteósicamente en La Maestranza y un toro le echó mano en Sevilla, siendo César figura del toreo, don Antonio Pérez Tabernero fue al Sanatorio de Toreros a visitarle y, con intención de ser simpático, le dijo: –César, cuando salgas de aquí, para reponerte, te vienes a casa, a San Fernando, a torear una vaquilla. César le contestó:

–Don Antonio, la vaca que usted dijo que me tenía apartada supongo que ya habrá parido y todas esas cosas.

Aquella Navidad en Salamanca César recibió de aguinaldo cincuenta pesetas. Fue un muchacho venezolano, estudiante de medicina de nombre Enrique Rodríguez, que al llegarle el dinero de Venezuela apartó cincuenta pesetas y se las regaló a César. Rodríguez se había fijado en la patética imagen de los zapatos del novillero, sin tacones, reforzados en la plantilla con papel de periódico, “para tapar los huecos que tenían en las suelas”. Por eso, cuando caían las usuales nevadas, Girón resbalaba al caminar por las calles de “Salamanca la blanca”. César, feliz y contento, se fue de inmediato a una zapatería en cuyos escaparates estaban los zapatos que cada helada mañana veía, con la misma ansiedad que un hambriento mira un escaparate de confitería. Sin pensarlo dos veces compró el par de zapatos, que tantas veces había visto en el aparador, echó en un cesto de la basura los viejos y a caminar ¡Feliz y contento por calles y avenidas salmantinas! ¡Hasta que comenzó a llover!...Y Girón feliz, sin importarle que cayeran del cielo sapos y culebras. Seguía su marcha de triunfo, bajo la lluvia, como si fuera una versión tropical de Gene Kelly. Hasta que notó que el agua le calaba los pies. ¡Que los zapatos se habían quedado sin suelas! Los zapatos estaban desechos, porque los zapatos de sus sueños eran ¡zapatos de cartón!

César Girón soportó todo el frío, toda el hambre, la inmensa soledad que le acompañaba, el desprecio de muchos que veían en él al indio, al mono, al “guayabita”, al “al chico del jersey”, que fueron los motes despectivos con los que algunos le trataron. Otros, como Victoriano Valencia y Antonio Chenel “Antoñete”, compañeros suyos en la pensión Barragué, de Salamanca, le ayudaron con su estímulo y caluroso afecto. Pero el destino a veces parece marcado y lo que va a ser debe ser.

Un día se encontró César Girón en la tapia del tentadero de Leopoldo Clairac. Entre los toreros estaba Agustín Parra “Parrita”, cuñado de Manolete y un torero importante de la postguerra. También estaba en el tentadero el célebre empresario catalán, don Pedro Balañá.

Y fíjese usted, amable lector, por dónde salta la suerte. Parrita, al ver a Girón, le cede una becerra muy buena. César, sin dudarlo un instante, salta de la tapia y sin atorarse, por el ansia de torear y a sabiendas que se jugaba muchas cosas importantes frente a don Pedro, se planta frente a la res y le dibuja muletazos de mucha valía. Don Pedro se entusiasma, porque no hubo nada que le entusiasmara más al gran Balañá que descubrir toreros y ayudar al que verdaderamente se lo merecía. Esa fue la grandeza su grandeza: fue un descubridor de valores de la torería. Don Pedro inventaba parejas en los carteles de competencia, descubría ganaderías, develaba novilleros entre la multitud de aspirantes, fue junto con don Pablo Chopera uno de los grandes empresarios históricos.

Balañá le habló a César Girón para que se presentara en Barcelona, en la plaza Monumental, propiedad de don Pedro que tuvo, mientras él la administró, una categoría máxima. Cuando regresó de América Fernando Gago, don Pedro Balañá le informó que César Girón estaba anunciado en la Monumental para el 16 de marzo. Ese mismo invierno un grupo de aficionados le jugó una broma a César. Una broma pesada, de las mismas que él gustaba gastar a sus compañeros. Vino un maletilla y le llamó a un aparte de la pensión y le dijo:–Mira, chico, no le vayas a decir a nadie, pero mañana hay tentadero casa de don Lisardo Sánchez, cerca de Badajoz.

César no durmió en toda la noche. Muy temprano tomó el tren en Tercera Clase y se marchó a Badajoz. Había gastado las pesetas que le quedaban pero lo importante era ir al tentadero. Cuando llegó a la finca se topó con don Lisardo, que de mala manera le preguntó qué hacía allí, sin que le hubieran invitado. Lo cierto es que no había ni tentadero ni nada, y como Girón le dijo que había ido a torear, Lisardo Sánchez, hombre de malas pulgas le dijo:

–Mira, muchacho, si quieres comer tienes que trabajar. Aquí la labor comienza a las cinco de la madrugada. Y allí, en la finca de don Lisardo

Sánchez en Badajoz, estuvo César Girón a las cinco de la madrugada, abrazado por un frío infernal, pesando cochinos casi en tinieblas. Todo para poder comer.

Al final de la jornada, Lisardo Sánchez se compadeció de César Girón y le echó dos vacas en el tentadero. Dos vacas toreadísimas. Una le pegó una paliza tan grande que le destrozó la camisa gris a rayas, el orgullo de su trousseau, que era la única prenda de vestir que tenía Girón.

Al otro día, adolorido y lleno de hematomas por las palizas que le habían pegado las vacas toreadas que el ganadero le había echado, César Girón le vendió al hijo de Lisardo Sánchez una toalla, de esas que fabricaba Telares de Maracay y que doña Esperanza Díaz de Girón le había puesto a César en el equipaje con cariñoso orgullo. Una toalla llena de colorido, palmeras y bañistas en traje de baño, que al joven Lisardo encantó. El muchacho le dió al caraqueño, a cambio, cien pesetas que sirvieron para el viaje de vuelta a Salamanca.

En el tren de vuelta, aprovechó que estaba vacío para meterse en el vagón de Primera Clase, echarse en el asiento muelle y amplio, para dormir a pierna suelta. Cuando llegó el revisor a pedir el billete, le dijo:

–Maestro, mire usted, es que como vi el tren vacío... El colector, le contestó molesto:–Maestro será su padre de usted. Yo no he sido nunca albañil.

Otro día un grupo de novilleros le invitó a ir a un tentadero en Villavieja de Yeltes. Sin darle muchas explicaciones le metieron en un taxi y, cuando iban llegando le pidieron veinte duros para la aportación del pago del taxi.

– ¿Están locos? ¿De dónde voy a sacar cien pesetas? Como vieron que no tenía dinero lo dejaron en Villavieja, a más de siete kilómetros de la finca. Cuando llegó le preguntó al mayoral si le daba una oportunidad con las vaquillas. Lo que hizo el capataz fue llamar a la Guardia Civil y lo echaron de la ganadería. El regreso a Salamanca fue andando, por la ruta del Lazarillo de Tormes o como si se tratara de Gil Blas de Santillana, pues, de pueblo en pueblo, tardó casi dos semanas en cubrir el trayecto. Cuando llegó a Salamanca se encontró que el padre de Victoriano Valencia le había enviado por correo un kilo de caramelos y una botella de champaña.

César y el padre de Victoriano habían hecho una cariñosa amistad, sólo de hablar por teléfono. Victoriano Valencia fue un gran amigo para César. Como tenía medios, era estudiante de la Facultad de Derecho en la Universidad de Salamanca, invitaba a Girón a merendar, le regalaba ropa y cuando podía una que otra peseta. La noticia de la contratación de César para Barcelona, tuvo la resonancia de una bomba entre los maletillas de invierno de Salamanca y entre los estudiantes venezolanos de la Facultad de Medicina de la Universidad –Muchachos, les dijo César Girón a sus paisanos, ¡toreo en Barcelona! O soy figura o me mata un toro. Uno de los estudiantes le dijo: –César, con lo que tu corres ¿cómo te va a alcanzar un toro? Los compañeros de terna fueron Carlos Corpas y “Antoñete”, y le decían:–”Indio, te vamos a meter el pelo pa’ dentro.” Hizo el viaje de Calatayud a Barcelona y al llegar a la Ciudad Condal le esperaban los hermanos Pepe y Victoriano Valencia, quienes le invitaron a comer al Bar Canaletas. Se alojó en el Hotel Comercio de la Calle de Escudillers, hoy día el hospedaje obligado para aquellos que comienzan. Es un hotel con mucho carácter, de buen aire como dicen los taurinos. César lo puso de moda desde ese día.

César Girón narra aquella primera experiencia en Barcelona al periodista Marino Gómez. Santos, de esta manera:

“Recuerdo una tarde de domingo en el Hotel Comercio. El traje del matador que había toreado aquella tarde en Barcelona estaba colgado en el balcón, que daba a la estrecha calle de Escudillers. El mozo de espadas le había limpiado las manchas de sangre con un cepillo. El oro de la taleguilla se había vuelto, momentáneamente, desvaído. Desde aquel balcón se veían las tabernas, en cuyas puertas estaba escrito con pintura blanca: ‘Hay champiñón’. ‘Se sirven comidas’.

Entraban soldados de la Marina norteamericana, que hacían funcionar las máquinas tragaperras para hacer sonar tres o cuatro rocks a un tiempo. Por aquellas puertas salía humo de cigarros, olores ácidos de perfumes baratos y guisos pobres –Me dieron la habitación número 11; y le respondió el padre de Victoriano: –Mañana vas a tener suerte, porque el número 11 siempre trae suerte.

Contaba César que a las cinco de la mañana llamó a Victoriano Valencia, para pedirle “Chico, ponme discos a ver si me distraigo”. Este gran amigo, que ha sido siempre Victoriano, estuvo poniéndome discos desde la madrugada hasta las diez de la mañana, y yo escuchándolos por teléfono.

“Victoriano me vino a buscar y fuimos a misa, a una iglesia pequeña llamada Santa Mónica. Recé mucho, lo recuerdo. A las 12 del mediodía me encontré a “Antoñete”, que venía con unos amigos, de esos que rodean siempre a los toreros. Me dijo: –Vamos a dar un paseo.

“Le contesté, sinceramente: No me puedo mover, porque tengo mucho miedo. Hoy me lo juego todo. En el patio de caballos le dije a mis compañeros, acordándome de aquello de ‘Indios, te vamos a meter el pelo para adentro‘: muchachos, aquí es donde quiero ver cómo me van a meter el pelo pa’ dentro...

César Girón cortó tres orejas la tarde de su debut en Barcelona y salió a hombros de la Monumental. Volvió y toreó veintidós tardes, superando la marca de Vicente Barrera, que había toreado 11. César se convirtió, gracias a Barcelona, en uno de los novilleros preferidos por las empresas.

Era la época de “Antoñete”, Pedro Martínez “Pedrés”, Juanito Posada... A Madrid fue el 10 de julio de 1952, como novillero. Una novillada de Felipe Bartolomé. Con “Antoñete” y Carriles. Repitió a las dos semanas y cortó dos orejas en Las Ventas. Un éxito muy comentado. Fue el novillero estrella de 1952, y con mucha fuerza llegó a la alternativa, aunque sin un futuro cierto porque no había contratado corridas para la temporada de 1953 y en su tierra poco o nada creían en los sonados éxitos hispanos.

En la misma entrevista que le hizo para Ruedo Ibérico, el periodista Mario Gómez-Santos, narra algo muy significativo que ha sido una especie de denominador común para todos los toreros venezolanos. Bueno, no solo para los toreros, sino para cualquier venezolano que triunfe en la vida, en el extranjero.

“Fue la temporada más dura (1952-1953). Carlos Arruza me dió la alternativa”, narra Girón en la entrevista

“¿Quien me lo iba a decir cuando, cinco años antes, quise robarle el traje de torear, allá en Maracay? Lo tenía colgado en un balcón y yo, con un palo largo, intentaba cogerlo desde abajo.

“Luego fui a México y fracasé. Toreé en México, el 25 de diciembre de 1952. Alterné con José María Martorell, Jorge Aguilar ‘El Ranchero’ y Manuel Capetillo. Los toros eran de la ganadería de Tequisquiapan. Al toro ‘Canastillo’, número 47, de 437 kilos de peso, le corté una oreja; pero a pesar de eso no cuajé en México. Ese año toreé allí cuatro corridas de toros.

“Llegué a Venezuela en plan humilde y nadie me hizo caso. Iba casi con lo puesto. Toreé siete corridas de toros en Venezuela y no me quedó ni un céntimo. Me vine desmoralizado. Nunca he deseado más que el avión se cayera o que me matara un toro”. César Girón fue a España con una sola corrida contratada: la del Domingo de Pascua en Cartagena.

“Toreaba con Manolo Carmona y Antonio Bienvenida. En esa corrida de toros, al primero le corté las orejas y el rabo, y por ese éxito me contrataron para sustituir a Pepe Luis Vázquez en la Línea de la Concepción, al día siguiente.

“Llegué a La Línea por la tarde, con los minutos justos para vestirme e ir a la plaza. Corté cuatro orejas, dos rabos y una pata. De ahí para arriba todo lo que quieras. Toreé 41 corridas sin ir a Madrid...”. Esta narración de aquellos primeros pasos es una lección para los toreros venezolanos, porque a todos les ha sucedido que cuando regresan triunfantes de España, o de México, los empresarios y periodistas de Venezuela no los reciben como ellos, los toreros, esperaban, conscientes de de haber hecho un gran esfuerzo merecedor de ser reconocido. La mayoría no supera el duro shock de la indiferencia. Fueron muchas las grandes tardes de Girón en su carrera, como las dos de Sevilla, en la Maestranza, cuando en una misma Feria de Abril, en dos tardes cortó dos rabos. O aquella Corrida de la Prensa en México, cuando cortó cuatro orejas y un rabo a los toros de don Fernando de la Mora. Inolvidable Lima, el primero de noviembre de 1954 cuando cortó la única pata que se ha concedido en la bicentenaria plaza de toros de

Acho. La otra pata, que como trofeo dicen cortó Luis Procuna, en realidad no fue concedida por la autoridad limeña, sino que fue cortada sin autorización por el peón de confianza de Procuna, David Siqueiros, “Tabaquito”. César, en Lima, le cortó la pata a un toro de la ganadería peruana de Huando y alternó con los españoles Antonio Bienvenida y Rafael Ortega. Había sido una feria importante para Girón, aquella del Señor de los Milagros. El venezolano era la base de los carteles.

La feria comenzó el 17 de octubre, con toros de Juan Cobaleda, Antonio Pérez, Atanasio Fernández y un sobrero de Yencala. César cortó dos orejas y fue el triunfador de la tarde. Bienvenida y Carlos Corpas pasaron inadvertidos. Repitió al domingo siguiente, 24 de octubre, junto a Rafael Ortega y Manuel Jiménez “Chicuelo II”. César cortó un rabo y volvió a ser el triunfador. Por tener compromisos en Caracas y en Bogotá no volvió a Lima hasta el célebre día primero de noviembre, cuando cortó la pata. Terminó su temporada peruana el 14 de noviembre, mano a mano con “Chicuelo”. Girón también fue el triunfador: dos orejas. El año de 1954 César toreó en Lima cuatro tardes, ¡sumó diez orejas, tres rabos y una pata!


De su apoteosis en Lima, Humberto Parodi, acreditado en la Ciudad Virreinal por la United Press International (UPI), envió al mundo el siguiente despacho fechado el primero de noviembre:

En su tercera y última actuación en la plaza de Acho, el nuevo fenómeno de la tauromaquia, César Girón, hizo que una vez más se agotasen las localidades desde la víspera de la corrida.

Fue la de hoy un bella tarde primaveral, de sol, que ayudó para que la fiesta española luciera en todo su esplendor. Al terminar la corrida, el dramático y desconcertante trasteo de que hizo gala, había convertido a Girón en el nuevo ídolo de los aficionados limeños.

Se lidiaron seis pupilos de Huando, los cuales fueron bien presentados. Tres de ellos acusaron bravura y los restantes fueron mansurrones, originando algunas dificultades para la lidia. Al hacer el paseo los tendidos de Acho presentaban un aspecto inusitado. Todas las localidades se veían ocupadas hasta los palillos del techo, cosa nunca vista en Lima. Tal fue el entusiasmo despertado por la tercera corrida, con la que se despedía Girón.

Antonio Bienvenida tuvo una buena tarde, a pesar de que el lote que le tocó en suerte no fue de lo más manejable en el encierro. En el primero se lució en quites y trató de apoderarse del difícil enemigo sin conseguirlo y terminó después de dos medias estocadas y al tercer intento de descabello. (Pitos y palmas). A su segundo lo recibió con bellos lances de capote, hizo quites muy pintureros y puso tres pares de banderillas que le valieron enorme ovación. Con la muleta trasteó muy bellamente, tanto con la derecha como con la izquierda. Serie de naturales muy buenos adornándose y siendo aplaudido. El toro desarrolló genio y en un pase lo cogió por el bajo vientre en forma aparatosa. El toro levantó dos veces del suelo a Bienvenida, destrozándole la ropa. Se deshizo Bienvenida de las asistencias cuando lo llevaban a la enfermería y volvió al toro, al que despachó de tres pinchazos y dos descabellos. Gran ovación al retirarse a la enfermería de dónde no volvió a salir.

Rafael Ortega no pudo aprovechar a su primer enemigo porque al salir de los chiqueros el peón Moyano lo estrelló contra los tableros en forma aparatosa, quedando el animal congestionado. Poco pudo hacer el espada con el enemigo, limitándose a trastearlo brevemente, terminando después de excelente estocada. (Muy aplaudido). En su segundo se lució con el capote y en quites; hizo una faena muy valiente con ambas manos y terminó al huandeño de excelente volapié que se aplaudió con calor, concediéndosele una oreja.

César Girón fue el triunfador de la tarde con dos faenas que lograron emocionar al público, que le aclamó delirante toda la tarde.Su primer enemigo resultó mansurrón y difícil. Se le metió peligrosamente por el lado izquierdo y lo toreó muy bien con el capote. Le puso un par de banderillas muy bueno y desistió de seguir banderilleando porque resbaló y se torció un tobillo. Con la muleta, dada la mala calidad del dicho, nadie esperaba una faena; pero Girón desengañó al enemigo con enorme faena de derechazos que el público recibió puesto de pie. El diestro cada vez más valiente y artista hizo lo que quiso con el enemigo y lo mató de gran estocada concediéndosele las dos orejas y el rabo por lo difícil que fue el toro.

Fue la apoteosis con el último de la tarde, un hermoso ejemplar de Huando. Desde que hizo su
aparición en chiqueros, Girón lo lidió y cuidó asombrosamente. Con el capote le dió seis verónicas que fueron una pintura. Toreó por chicuelinas admirablemente. Y con las banderillas después de aparatosa preparación, dejó tres asombrosos pares de poder a poder. Sale a los medios a cosechar una ovación y luego de brindar al ganadero y empresario inicia con estatuarios de espanto, se lleva el toro a los medios y allí realiza pases en redondo, vuelta completa, naturales asombrosos, pases de pecho, series de nuevos pases que alocan a la gente que de pie aclama al torero. Da pases con las dos rodillas en tierra que asustan al público, sigue de pie con manoletinas y otros pases inverosímiles en forma ceñida y limpia. Como pasase el enemigo se perfila y deja un volapié enorme. Cae el toro sin puntilla y la plaza de pie aclama a Girón, viéndose obligada la Presidencia a cederle las dos orejas, el rabo y una pata.

El público le saca a hombros desde los Valles de Lima hasta el Hotel Bolívar, en medio de una gran manifestación nunca vista en los anales taurinos limeños, y ello es la consagración en esta plaza del venezolano a quien consideran aquí como la figura del toreo más grande que Lima jamás haya visto.

Sus temporadas brillaron con luz de figura del toreo y a pesar de haber sido un tipo de difícil carácter, tuvieron que tragarlo por su calidad profesional. De él escribieron los grandes críticos y literatos de la fiesta, de manera laudatoria, porque su vida ha sido un ejemplo para los hombres que tienen suficiente valor de abandonar el techo que les vio nacer para abrirse camino en tierras extrañas.

Cito a Filibero Mira, biógrafo de la Maestranza, cuando se refiere a Girón y sus éxitos en Sevilla en abril de 1954:

“Toreo variado, impetuoso, agresivo, el del vitalísimo César Girón que era un lidiador completo con valor y recursos. Conocedor profundo del toro y sin ignorar ninguna suerte pues todas las realizó con destreza ejemplar y plena entrega. Su estilo era el del toreo ciclónico que dinamizó Carlos Arruza; que fue precisamente el padrino de su alternativa. Como veremos más adelante, fue otras tardes rival –en noble y reñida competencia– nada menos que de Antonio Ordóñez. Existió una rivalidad, muy acentuada, en el coso sevillano, entre el de Ronda y el de Maracay, que dió esplendor y grandeza a la década de los cincuenta. Incomprensiblemente esa torera lucha no fue ni reconocida ni estimada lo suficiente por la crítica taurina de esos años. Han escaseado –también esto incomprensible– los escritores que han valorado en la medida que se merecieron las grandes virtudes de este caribeño que no tenía buen tipo de torero, pero lo fue de cuerpo entero y en grado superlativo. 153

Aunque César Girón no superó sus éxitos de los días 27 y 29 de abril de 1954, no contabilizó ni una sola corrida deslucida de cuantas toreó en La Maestranza, que fue la plaza que lo encumbró”. Cuando comenzó la temporada del 55 tenía firmadas 106 corridas de toros, pero una cornada el 30 de junio en Burgos, una cornada muy grande y muy grave, lo paró en su meteórica carrera.

Fue su paso por Las Ventas, aquel año de 1955, el punto absoluto de su consagración como figura del toreo. Madrid confirma, no hay duda. El 14 de mayo confirmó su alternativa con toros de Juan Cobaleda, con Antonio Bienvenida de padrino. “Bravío” fue el toro de la ceremonia cuya muerte la brindó a Fernando Gago, su descubridor para España y para ese entonces su apoderado...

De su estreno ante la afición madrileña comentó Marcial Lalanda en un despacho que envió Ramón Medina Villasmil “Villa” al diario caraqueño La Esfera que: “Hace dos años vi a Girón. Ahora le veo nuevamente y le encuentro hecho una auténtica figura del toreo. Creo que la suya es hasta ahora la mejor faena realizada en San Isidro”. Pero aún había más. Seis días más tarde saldría a hombros en Madrid; y así relató don Gregorio Corrochano la actuación en aquella célebre crónica que tituló: “César Girón”, sencillamente; con el sumario, célebre como todos los acertados titulares de Corrochano: “se ha perdido el sentido del toreo”.

Cesar Giron La Gloria y El Hombre   (pata)

https://youtu.be/uz56OC3rv9k    


martes, 11 de noviembre de 2025

Angel Custodio Valdez "El Maestro" UNA DE LAS CELEBRIDADES PERUANA



 Angel Custodio Valdez "El Maestro" UNA DE LAS CELEBRIDADES PERUANA


Articulo enviado por el Alcalde de Ingenio Marcelo Caipo

Angel Custodio Valdez y Franco fue un Matador de Toros de raza negra y de impresionante físico
cuyo nombre, figura y fama llenaron 50 años de la Historia Taurina del Perú, y es por ello que bien puede considerársele el más importante diestro peruano hasta la fecha. Nació el 2 de Octubre de 1838 en el pueblo de Ingenio, en el distrito de Nazca, en el departamento de Ica. Se trasladó a Lima a los diez años luciendo ya un físico muy desarrollado para su corta edad. Trabajó en el fundo La Granja cuidando ganado lo que estimuló su afición por las corridas de toros. Animado a encaminar su vida en la profesión de torero fue, en sus inicios, José María Vázquez quien le aportó los conocimientos elementales. Se estrenó en la Plaza de Toros de Acho el 7 de Agosto de 1859 alternando con Antonio Marín y José Ortega. Al añ o siguiente contrajo nupcias en la localidad de Palpa con Nicolasa Izasigar. El 2 de diciembre de 1860 acometió la proeza de encerrarse en solitario en la Plaza de Toros de Acho -nadie lo había hecho antes- dando cuenta de doce astados con tal éxito que salió catapultado como ídolo máximo de la afición limeña. Desde entonces su reinado se fue consolidando sobre la base de su habilidad en el segundo tercio y en la ejecución de suertes como las de el salto al trascuerno y a la garrocha, pero sobre todo por su extraordinaria efectividad en la ejecución de la suerte suprema, donde ponía de manifiesto su fuerza, valor y decisión. Su fama trascendió nuestras fronteras. Como consecuencia de ello a fines del año 1872 fue contratado para actuar en 16 corridas de toros en la ciudad de Montevideo donde triunfó rotundamente ratificando su fama. En 1883, a punto de cumplir los 45 a&n tilde;os de edad y con 24 de Matador de Toros viajó a España presentándose en Madrid el domingo 2 de setiembre de ese año. Su actuación no fue buena. Posteriormente, actuó sin mayor resonancia en Cádiz y en Lisboa para luego retornar a Lima. Su hazaña más memorable, el 24 de mayo de 1885, fue aquella de matar en la vieja Plaza de Toros de Acho, con singular coraje y audacia, al célebre toro "Arabí Pachá", y en la misma corrida a un hijo de este de nombre "Mucho Ojo", en tarde en la que alternó con Mariano Soria "Chancayano" y Antonio Pastrana. El 10 de Febrero de 1889 es herido gravemente por el toro "Turbulento". Idolo de 3 generaciones se retiró, a los 71 años de edad, el 19 de Setiembre de 1909. Falleció el 24 de Diciembre de 1911, a las nueve y media de la noche, en su casa limeña de la calle Desagüadero. U n bronce ubicado en el exterior de la entrada de los tendidos de Sol en la Plaza de Toros de Acho, escenario de sus principales gestas, recuerdan pálidamente lo que fue su brillante trayectoria profesional.

El legendario Ángel Valdez y el toro Arabí Pachá.
Por Gregorio Martinez : BUSTROFEDON

El Arte de la lidia : periódico taurino - Año I Número 36 - 1883 septiembre 10 (10/09/1883)



los mejores toreros que han existido en el Perú, en todos los tiempos, Ángel Custodio Valdez Franco es el más reputado. Hijo de esclavos, nació en el villorio de El Ingenio, al noreste de las Líneas de Nasca, el 2 de octubre de 1838. En su momento, cada rincón del país lo ungía como El maestro Ángel Valdez. Así lo testimonia Jorge Basadre en Historia de la República. Si hubiera que mencionar a otro torero de similar relieve legendario, este sería el Indio Ceballos, quien toreó en España en el siglo XVIII y causó tanta admiración que Francisco Goya le hizo un aguafuerte.

Libros y documentos muestran que Ángel Valdez nació en Palpa. Así aparece en Los toros, monumental enciclopedia en seis tomos, obra del español José María Cossío. Lo reitera el Diccionario biográfico taurino de José Sánchez Neira. Igual lo indica una lápida en la tumba de Ángel Valdez, en el cementerio limeño Matías Maestro. Pero todos sus coterráneos sabían --con pena para los palpeños Luis Peirano y Carlos Iván Degregori-- que Ángel Valdez había nacido en El Ingenio. Por suerte, esta certidumbre ha sido recogida en la "Enciclopedia taurina del Perú", aún inédita, obra capital de Carlos Tapia Acosta, quien durante años fue médico de la Plaza de Acho.

En 1849, a los 11 años, Ángel Valdez llegó por primera vez a Lima. Se cree que se había cimarroneado y abandonó El Ingenio tras los pasos del arriero Agapito Bernales. Por ser un niño fuerte, comenzó a trabajar como adobero en la hacienda Estaquería, cerca a Higuereta. Un día, ya adolescente, fue a la Plaza de Acho y vio torear al celebrado diestro español Manuel Díaz, más conocido como Laví. Eran los años de la pugna política entre Ramón Castilla y Rufino Echenique.
Aquella vivencia en la Plaza de Acho conmovió al joven Ángel Valdez. El toreo de entonces era temerario y sin cánones. Pronto Ángel Valdez se convirtió en discípulo predilecto del matador mexicano José María Vásquez, que se había establecido en Lima. Al poco tiempo el joven adobero ya estaba a punto para torear.
A los 19 años, en 1857, Ángel Valdez salió por primera vez a la arena de Acho. Aún como novillero. Torear en la Plaza de Acho constituía un sueño. Dos años después, en pleno segundo gobierno de Ramón Castilla, cuando ya se había abolido la esclavitud, Ángel Valdez tomó la alternativa de torero. Pasó la prueba con aclamaciones. El maestro José María Vásquez le entregó la espada. Fue un domingo 7 de agosto de 1859.


En aquellos tiempos la fiesta brava se extendía desde la mañana hasta el anochecer. Se lidiaban 20 toros. Ni se vislumbraba la tarde clásica de 6 corridas. Todo empezaba con el "desbarajuste de fiesta". Trifulca en la cual la muchedumbre quemaba sus rencores, bajo la mirada vigilante de alguaciles y gendarmes. Conforme a una tradición colonial, en determinado momento las fuerzas del orden embestían a palo limpio y quebraban el desbarajuste. Al final, la muchedumbre apaleada ocupaba el lugar asignado, en el lado opuesto a la tribuna de los regios.
Al año de tomar la alternativa, Ángel Valdez ya no tenía contendores entre los toreros peruanos. Pero el ambiente se animó cuando llegó el diestro español Chicorro, un matador de oficio y mucho coraje. Ahí fue que Ángel Valdez empezó a bordear los extremos de la temeridad. Tanto que sus faenas despertaban expectativas en Colombia, México y aun España. El rumor daba pábulo a la leyenda que Ángel Valdez tenía pacto con satanás.
De repente, en 1866, reventó la Guerra con España. Inmediatamente los toreros españoles se fueron a otras plazas. A Colombia, Venezuela, México. El vacío produjo la aparición de diestros nativos. En 1867 comenzó a mencionarse el nombre de Mariano Soria, el Chancayano. Rápido el nuevo torero ganó simpatía en todo el Perú. Desde entonces, Ángel Valdez y el Chancayano serán los eternos rivales.
Aquella época del esplendor de Ángel Valdez ha dejado también el nombre de un toro famoso, tan temido que la muchedumbre temblaba al escuchar su nombre: Arabí Pachá. Un toro salido de los chiqueros del infierno. Desmesurado en todo. En envergadura y en fiereza. Pertenecía a la dehesa de los Asín, propietarios de la hacienda Rinconada de Mala.
No cabe duda, Arabí Pachá constituye un capítulo aparte de la tauromaquia peruana. Animal matrero, conocedor de todos los gajes de la faena, pues debido a su bravura le habían perdonado la vida dos veces. El día que se anunció que Arabí Pachá sería toreado y muerto por Ángel Valdez, sin opción de perdón, en el Perú se desencadenó el delirio.



Cuando llegó el momento, la Plaza de Acho reventaba de gente. Fiero e imponente apareció Arabí Pachá. Se detuvo al borde de la arena y comenzó a bufar, a escarbar el suelo y se aventaba tierra sobre el lomo. Entonces, el picador Benigno Asín, el Curcuncho, que conocía bien a Arabí Pachá, pues era de su familia, espoleó al caballo y con la lanza en ristre atacó al toro para bajarle la embestida. Ángel Valdez, todavía en el burladero, asentía calmoso y confiado.
Pese a su reconocida habilidad, el Curcuncho no pudo clavar la lanza en el morrillo de Arabí Pachá. El toro hizo un quite de adivino en una fracción de segundo y pasó a la ofensiva. Advirtió que el picador estaba mal ubicado y lo arrinconó con caballo y todo contra las tablas. Acudió el banderillero Pionono para distraer al toro y sacar al picador del aprieto. Algo vio el banderillero en la catadura de Arabí Pachá que de golpe se le desmoronó el coraje. Sin la menor vergüenza trepó por las tablas hacia el tendido. Al verlo en tal apuro, Arabí Pachá se paró en dos patas y asomó por encima del cerco. Un alarido de pánico remeció la plaza. El toro dio un vuelco brioso y volvió a la arena.
Mariano Soria, el Chancayano, que también estaba actuando de banderillero, hizo de tripas corazón y en sesgo, a volapié, colocó una banderilla en el endemoniado Arabí Pachá. Solo un hierro. Ángel Valdez, sudando, clavado en la arena, por primera vez embargado por un aire de desamparo, adelantó un pie y luego avanzó sigiloso, con la espada lista bajo la muleta. No iba a torearlo. Quería acomodarlo para entrar a matar. Directo a la última suerte. Ángel Valdez no citó al toro. Tampoco fue al encuentro. Más bien recurrió a una treta de gañán. Se le aproximó por un costado y, cuando lo tuvo a distancia para estoquear, lo llamó por su nombre: ¡Arabí Pachá! El toro volteó, traicionado por su propia sabiduría. Ángel Valdez le hundió la espada de un solo envío hasta el corazón*.
Después de aquella hazaña, Ángel Valdez se fue a probar suerte en España. Allí, en la tierra que inventó el toreo, lo obligaron a revalidar el título de torero. Tuvo que tomar de nuevo la alternativa. Lo hizo en la Plaza de Madrid, el 2 de septiembre de 1883. Tenía 45 años y enfrentó al toro Cucharero. En la tribuna de honor estaban el rey Alfonso XII y la reina María Cristina, la misma de la copla guarachera.
En 1909, a los 71 años, con el pelo completamente blanco, pero macizo como un guarango, Ángel Valdez lidió su último toro, el Rompetablas, en la histórica Plaza de Acho. Fue un domingo 19 de septiembre. El gobierno del Perú recién había pasado a las manos de Augusto B. Leguía y los anarquistas alistaban los fuegos del movimiento obrero. Dos años más tarde, el 24 de diciembre de 1911, moría Ángel Valdez convertido en leyenda.





MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE EL INGENIO - NASCA
1917 -2,009 92 AÑOS DE CREACION POLITICA
“EL INGENIO VALLE MISTERIOSO Y LEGENDARIO”

NOTA DE PRENSA

PRESENTAN LIBRO: ANGEL VALDEZ “EL MEJOR TORERO DE TODOS LOS TIEMPOS” EN SU XCII ANIVERSARIO DE CRECION POLITICA DEL DISTRITO DE EL INGENIO - NASCA

LA MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE EL INGENIO EN SU XCII ANIVERSARIO DE CREACION POLITICA PRESIDIDA POR SU ALCALDE DR. VICTOR MARCELO CAIPO FLORES, REGIDORES Y PERSONAL ADMINISTRATIVO, Y EL CÍRCULO DE PERIODISTAS TAURINOS DEL PERÚ PRESIDIDO POR SU PRESIDENTE PROF. CARLOS CASTILLO ALEJOS PARTICIPAN PARA EL DIA 19 DE NOVIEMBRE A LAS 12.00 DEL DIA SE PRESENTARA EL LIBRO: ANGEL VALDEZ “EL MEJOR TORERO DE TODOS LOS TIEMPOS” DE LOS AUTORES SONIA PARVINA PEÑA Y MANUEL GUTIERREZ BUSTILLOS.

SE TENDRA LA PRESENCIA DEL DESCENDIENTE DON ANGEL VALDEZ RAMOS, NIETO DEL “MAESTRO” DON ANGEL CUSTODIO VALDEZ FRANCO, DEL PRESIDENTE DEL CÍRCULO DE PERIODISTAS TAURINOS DEL PERÚ PROF. CARLOS CASTILLO ALEJOS, MIGUEL ZAPATA DEL CIRCULO DE REPORTEROS GRAFICOS TAURINOS DEL PERU

ESTE AÑO SE CUMPLE 176 AÑOS DE SU NACIMIENTO, 100 AÑOS DE SU RETIRO DE LAS PLAZAS TAURINAS .
 ANGEL VALDEZ “EL MAESTRO”,

AGRADECEMOS SU DIFUSION

martes, 28 de octubre de 2025

Feria Taurina de Lima regaló una tarde de alto voltaje en el coso más importante de América

 



Fotaurinas Perú

𝗚𝗔𝗟𝗘𝗥Í𝗔 𝗙𝗢𝗧𝗢𝗚𝗥Á𝗙𝗜𝗖𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗦𝗘𝗚𝗨𝗡𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗥𝗥𝗜𝗗𝗔 𝗗𝗘 𝗧𝗢𝗥𝗢𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗙𝗘𝗥𝗜𝗔 𝗦𝗘Ñ𝗢𝗥 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗠𝗜𝗟𝗔𝗚𝗥𝗢𝗦 𝟮𝟬𝟮𝟱

La segunda semana de la Feria Taurina de Lima regaló una tarde de alto voltaje en el coso más importante de América. Un encierro de Montalvo, bien presentado y con presencia, fue el eje de un festejo donde tres toreros con sed de triunfo buscaron triunfar en la plaza más importante de Perú. El cartel lo integraron David Galván, Fernando Adrián y Joaquín Galdós.

Inicialmente la empresa había anunciado toros de Paiján y Domingo Hernández. Sin embargo, según comunicó el empresario en una entrevista, estos astados sufrieron bajas tras una pelea. Para no defraudar al público, se apostó por traer a última hora un encierro español que terminó dando categoría y emoción a la tarde.

Abrió la tarde el diestro español David Galván, un torero que lleva tatuado en el alma el nombre del Perú. A nuestra tierra le debe oportunidades y cariño; a él le debemos entrega sin reservas y tardes de gloria. Desde que pisó estos ruedos no ha habido plaza que no lo haya visto salir a hombros, triunfador y agradecido. Este año, en Coracora, un toro toreado de Ayacucho lo coje, y reaparece en tierras peruanas en la plaza de Acho, nuevamente volvió a sentir el castigo del pitón, que le alcanzó el muslo derecho. El sorteo lo probó con dos toros complicados y duros en su embestida. Al primero le robó muletazos templados, de los que llevan sello y hondura.

El segundo, todavía más áspero, pedía cabeza fría y corazón ardiente. Galván mezcló ambas virtudes. No falló con la espada en ambo toros. La afición limeña se puso de pie para reconocer su actitud firme ante la adversidad. Tras pasaportar al segundo, emprendió rumbo a la enfermería con la serenidad de los valientes. Más tarde, dejó en sus redes una sentencia que define su vida: “La entrega depende de uno y es un deber”. Pronta recuperación, maestro. El Perú te espera siempre con los brazos abiertos y el corazón agradecido por tu valentía incansable.

Fernando Adrián vino a Lima con el corazón lleno de ilusiones y la responsabilidad de confirmar su alternativa en Acho, templo donde solo los toreros de verdad logran escribir su nombre. Frente a él salió Cinchuelo número 72, el toro más pesado de la tarde con 556 kilos de seriedad. Un castaño chorreado que exigía verdad. Fernando le respondió con poder, entrega y torería. La oreja que pudo cortar fue sólo reflejo de la conexión inmediata con un público que, desde su primer lance, lo sintió como suyo.

El segundo de su lote trajo emociones fuertes. Un toro con más motor y codicia que se enceló en la vara del buen picador Joseph Rojas. El subalterno cajamarquino Santiago De La Rosa tuvo que intervenir y en ese intento sufrió un revolcón angustiante: el toro no lo soltaba, se quedó prendido de él. Por fortuna, ese gesto de sujetarse del pitón evitó una tragedia que habría cambiado el rumbo de la tarde.

Con la emoción aún latiendo en el albero, Fernando Adrián brindó el toro a la afición peruana. Las graderías estallaron. La plaza rugió con fuerza. El madrileño respondió con una faena de raza, temple y corazón que pudo valer las dos orejas y que electrizó cada tendido de Acho. Este año, el Perú taurino quiso verlo aquí, en su plaza más emblemática, después de la gran impresión que dejó en Madrid. Fernando no falló. Cerró su temporada en tierras peruanas cortando tres orejas, dejando una huella profunda y abriendo una puerta grande en el cariño de la afición. Una tarde que ya forma parte de su historia… y del recuerdo de Acho.

Galdós volvió a sentir a Acho en el alma. Volvió al escenario donde late su historia, donde cada olé tiene un eco especial y donde su nombre se pronuncia con orgullo peruano. Esta tarde, por fin, rompió la barrera de la puerta grande. Dos orejas que simbolizan mucho más que un triunfo: representan años de constancia, kilómetros de carretera, tardes de gloria y otras de silencio, temporadas enteras defendiendo su sitio en Perú.

Le tocó en suerte el mejor toro de la tarde Cubano que embestía con raza y alegría. Desde el brindis a los padres de Roca Rey, la plaza ya ardía en emoción. La muleta de Galdós supo guiar esa embestida larga y profunda, y el público se entregó por completo. Faena sincera y de mucha clase, oreja de peso. En su segundo, el panorama cambió. Un toro con poca transmisión. Galdós tiró de oficio, de madurez. Aunque el toro no quiso dar más, el torero nunca se rindió. Sacó lo que había y le corto una oreja.

Esta tarde, el torero peruano no solo triunfó. Reivindicó su nombre. Demostró que la formalidad, el trabajo y la dignidad también son triunfo. Hay quienes no siempre valoran esa entrega ante toros inciertos, pero Galdós sigue su camino con paso firme.

𝗗𝗘𝗧𝗔𝗟𝗟𝗘𝗦:

🔸Fernando Adrián confirmó la alternativa de manos de Galván.

🔸Sufrió una voltereta el subalterno Santiago De La Rosa en el quinto toro de la tarde. Actualmente ya se encuentra de alta, no paso a mayores.

🔸David Galván, sufre una cornada en el tercio inferiordel musloo derecho en su segundo toro.

𝗥𝗘𝗦𝗨𝗟𝗧𝗔𝗗𝗢𝗦:

🇪🇸 David Galván: Silencio y palmas.

🇪🇸 Fernando Adrián: Una oreja y dos orejas 

🇵🇪 Joaquín Galdós: Una oreja y Una oreja.

📷 Fotos: Mónica Lucas 

📝 Informa: Fotaurinas Perú - Mónica Lucas 

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domingo, 5 de octubre de 2025

Ayúdame, Señor divino, Estaré en tu camino, siempre contigo.

 



Ayúdame, Dios mío.


Ayúdame a curar mis penas,

en la oscuridad, guía mis cadenas.

Perdóname mis pecados,

te busco sincero, mis pasos cansados.


En ti pongo mi futuro,

Mi cuerpo y alma, en tu abrazo seguro.

Restaura mi fe, oh, te ruego,

Siento tu luz, eres mi fuego.


Te busco con fe sincera,

En ti confío mi futuro,

Mi cuerpo y mi alma entera,

Revélame tu amor seguro.


Miro hacia arriba, dame fortaleza,

En cada susurro, encuentro tu belleza.

Ayúdame, Señor divino,

Estaré en tu camino, siempre contigo.

En el nombre de Jesucristo, Amén.


Jorge M. Arancivia Rossi 

04/10/2025




martes, 30 de septiembre de 2025

Bernard Marsella, al comando de la plaza francesa de Istres, define las fechas para la temporada 2026.

 


La temporada 2026 ya está en marcha. La localidad gala de Istres, conocida como la ‘Olivenza francesa’ 

Bernard Marsella, al frente de la plaza francesa de Istres, ha anunciado las fechas para la temporada 2026, un evento que promete ser emocionante. La feria se llevará a cabo del 19 al 21 de junio, incluyendo cinco espectáculos que combinan tradición y modernidad. Los carteles, que se anticipan con gran expectativa, se harán oficiales el 30 de enero, generando una oleada de entusiasmo entre los aficionados.



Además, las taquillas abrirán sus puertas el martes 3 de febrero, brindando a los seguidores la oportunidad de asegurar sus entradas. Istres busca fusionar el talento de jóvenes toreros con figuras consagradas, lo que ha incrementado notablemente la afluencia de público en años recientes.



Cesar Giron fue llevado en hombros desde la Plaza de Acho hasta el Hotel Bolívar

     El 1° de noviembre de 1954 en la cuarta de abono de aquel año. Cesar Giron fue llevado en hombros desde la  Plaza de Acho  hasta el Hot...