sábado, 19 de noviembre de 2011

La industria taurina y la afición




ÁLVARO GASTAÑADUÍ RAMÍREZ
El valor más importante de la actividad taurina en el Perú no son los más de US$680 millones que tendrían invertidos en terreno, reses e infraestructura las 120 ganaderías de lidia que existe en el Perú, ni tampoco la efervescencia que existe en el interior del país por seguir celebrando sus fiestas con corridas de toros. El valor más importante es la mayor calidad de un espectáculo que no tiene como esencia la muerte del animal, sino el enfrentamiento de un hombre contra un toro al que, en cada lance o pase que le hace el torero, se busca la más alta expresión de belleza.
Además, el activo fijo más importante de este sector no son las 260 plazas de toros que hay en el país ni las más de diez que han sido construidas últimamente en Chavín de Huántar, Rondos, Baños, Huari, Huancavelica, Maranganí, Bambamarca, Llamac, Viraco, Macusani, entre otras, ni tampoco el esfuerzo que realizan municipalidades y comités cívicos para cuidar sus instalaciones. El mayor activo son las corridas de toros, que congregan cada vez a más aficionados, toreros más destacados y reses más bravas.
“La industria taurina y la afición a las corridas de toros están creciendo en el Perú”, coinciden en señalar Bartolomé Puiggrós y Dikey Fernández, autores de la serie “La tauromaquia del Perú”.
UN MEJOR TORO DE LIDIA
Según Fernández, en los últimos cinco años más de una veintena de las 120 ganaderías de lidia que hay en el Perú han ampliado sus instalaciones y han mejorado la calidad de su ganado de lidia: han pasado de tener ganado cunero (de origen desconocido) a tener de casta.
Explicó que los ganaderos se han dado cuenta de que es igual de costoso –por la alimentación, medicinas, tientas, etc.– criar un ganado cunero que uno de casta. Sin embargo, la diferencia está en el precio de venta: un cunero cuesta S/.2.500, mientras uno de casta sobrepasa los US$4.500.
TOROS PERO SIN PLAZAS
Para Puiggrós, las corridas siguen siendo la fiesta nacional, pues muchas comunidades y distritos celebran sus efemérides con toros. También reconoce que no se necesita de plazas para llevarlas a cabo. De las 540 corridas que se realizan al año en el Perú –algunos dicen que son 800–, muchas de ellas se hacen en plazas de armas, campos, avenidas, que son cercados por camiones o con instalaciones de madera improvisadas para que no puedan escapar los animales.
Incluso, Fernández recuerda que Rosaspata y Azaroma, en Puno, no tienen plaza de toros, pero tienen corridas. Sus pobladores prefieren formar ellos mismos la barrera y no les preocupa que el toro pueda herir a alguien. “La sangre que caiga será un tributo a la pachamama”, suelen decir.
MÁS AFICIONADOS
Para el presidente de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), Carlos Canales, las corridas de toros en el Perú aún no tienen impacto en el turismo como lo tienen en España, donde el 25% de espectadores son viajeros.
Canales explicó que en Lima las corridas se organizan solo los domingos y ello no atrae a los turistas, pues es difícil que vengan por un mes para ir a los toros solo los fines de semana.
Sin embargo, asegura que en los últimos años ha aumentado en 25% la cantidad de asistentes a la Feria del Señor de los Milagros en Acho. En tanto, en provincias se incrementó en 20%.
Canales, quien también es aficionado a los toros, agregó que en Lima la fiesta ha impulsado la expansión del negocio gastronómico, pues muchos restaurantes utilizan ese tema para sus promociones.
DIESTROS EXTRANJEROS
Fernández considera que otro síntoma del crecimiento de la industria taurina es la presencia cada vez mayor de toreros extranjeros de primer nivel.
Hasta hace algunos años, los diestros foráneos venían para unas 20 corridas al año; sin embargo, ahora vienen para 60, sobre todo para el interior del país.
Y no viene cualquier torero, sino aquellos que han cortado orejas en plazas de toros de España, como Las Ventas o Sevilla, o La Monumental, en México. Por ejemplo, el español Francisco Javier Corpas y el mexicano Antonio Bricio han llevado su arte a plazas de La Libertad, Cajamarca, Junín, Ayacucho, etc.
Y muchos de ellos no vienen a corridas comerciales, sino a espectáculos que son organizados sin fines de lucro por municipalidades o comités de ciudadanos en honor de su festividad política o de su santo patrón.
Incluso, Puiggrós recuerda que en muchas de esa comunidades los ciudadanos se unen para financiar la llegada de un torero, otros para el alquiler de la plaza y otros para el ganado.
INDUSTRIA INDIRECTA
Pero esta mejora en la industria taurina también ha generado el desarrollo de negocios indirectos, como los centros de engorde especializados en ganado de lidia, servicios veterinarios –tanto de vacunación como dosificación de alimentación– y las imprentas.

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